Entrevista a Brad Mehldau – Jazz In Marciac

Brad Mehldau es uno de los pianista actuales con mayor proyección. Sin embargo su labor levanta tanto pasiones como críticas. Gracias a Fred Jung, autor de la entrevista, a Javier López que la tradujo, Diego Sánchez Cascado que le dio el toque final y especialmente a All About Jazz por permitir su reproducción, he aquí las opiniones de una figura de indudable interés en el año 1998 recién editado “Art of the trio vol.2”.

FJ: ¿Recuerda el primer disco de jazz que escuchó?

BM: Creo que el primer disco que escuché fue uno a dúo entre Oscar Peterson y Joe Pass, de los que grabaron para Pablo. Un amigo de mi padre me lo compró cuando tenía unos once años. Oscar fue el primero a quien verdaderamente escuché.

FJ: ¿Qué le impulsó a tocar el piano?

BM: Bueno, he tocado piano clásico desde que tenía unos seis años, pero no acostumbraba a improvisar. No tocaba jazz porque no había estado expuesto a eso. Fue cuando descubrí a Oscar y después de escuchar algunas grabaciones de Horowitz y otros clásicos virtuosos cuando empecé a relacionarme con este estilo, en el sentido de que su técnica me asombraba. Tocaba un tipo de música totalmente distinta. Fue eso lo que me sumergió en el jazz, y me demostró todo lo que era posible hacer con el piano.

FJ: ¿Tiene alguna pieza clásica o compositor favorito?

BM: Siempre estoy escuchando música para piano de Brahms. Diría que determinadas obras de Brahms son probablemente lo que considero más cercano a mi corazón.

FJ: ¿Cuáles fueron sus influencias?

BM: He escuchado a un buen número de pianistas diferentes a lo largo del tiempo, todos bastante distintos. Estaba inundado de todo aquello que la gente me recomendaba. Cerca de un año después, un amigo mío me regaló por mi cumpleaños el disco triple a piano solo de Keith Jarrett, “Bremen and Lausanne”. Una vez más descubrí lo que era capaz de hacerse con el piano. Creo que podría relacionarme con él, ya que provengo del lado clásico. Cuando tenía trece o catorce años empecé realmente a comprar discos, una especie de frenesí por comprar, por escuchar todo tipo de pianistas diferentes y a otros músicos también. Probablemente he recibido más influencia de instrumentistas de viento que de pianistas.

FJ: Díganos alguno.

BM: Definitivamente Miles, siempre por su sentido de la melodía y del fraseo, y Coltrane, por supuesto… Bird, cuando me metí en el be-bop… Desde luego adoraba a Bud Powell, a Monk y a los pianistas de aquel periodo, pero fueron más importantes para mí los solos de Bird que transcribía, tratando así de llegar a la raíz. Todavía sigo enganchado a esa música, casi como una adicción.

FJ: Fue miembro del cuarteto de Joshua Redman, lo que fue crucial para su éxito. ¿Sentía la presión y las expectativas que rodeaban al cuarteto de Redman, y contribuyó a su desarrollo y a sus perspectivas?

BM: Pienso que todo aquello fue muy bueno, porque lo que pasó fue realmente orgánico y en cierto sentido muy natural. Él simplemente juntó esa banda y no supimos si iba ser especial o no. Sabíamos que lo que estaba haciendo iba a ser bueno, pero acabó convirtiéndose en algo realmente especial. Todavía puedo escuchar aquel álbum y todavía lo disfruto realmente. Creo que, de algún modo, todo aquello fue muy esperanzador, por lo menos para mí. Y básicamente con Josh aprendí mucho sobre cómo liderar un grupo, cómo quedar satisfecho creativamente y cómo mantener el interés por los otros miembros del grupo. Siempre daba una oportunidad a todos los demás. El modo en que escribe y estructura sabiamente sus temas, dejando a cada uno expresar su propio estilo… Nunca me sentí como si estuviera llenando un espacio o como un simple “sideman”.

FJ: Ha suscitado bastantes comparaciones con Lennie Tristano y Bill Evans. ¿Cree que esas comparaciones son justas?

BM: Con Lennie Tristano me han relacionado mucho y es curioso, porque realmente no he explorado todavía su música en profundidad, aunque todo lo que he escuchado de él me encanta. Y respecto a Bill Evans, claro que lo he estudiado a fondo, pero tampoco creo que prevalezca sobre los demás, no más de lo que pudieron hacerlo McCoy Tyner, Herbie, Wynton Kelly o tantos otros. Desde luego es una comparación que me halaga porque adoro a Evans. Amo su música. Tal vez sea por que tenemos una sensibilidad común referida a una capacidad introspectiva a la hora de tocar, especialmente en composiciones lentas. Desde luego, he visto comparaciones muy superficiales, como el hecho de ser un trío y cosas así, o el hecho de interpretar standards. Pero pienso que está bien, que es halagador. Al principio me irritaba mucho porque me comparaban constantemente con otro, especialmente cuando piensas que tienes tu propia voz pero, en fin, resulta halagador.

FJ: ¿Qué importancia da al hecho de desarrollar pronto una voz propia?

BM: Pienso que es crucial. No sé si es algo que se tiene que hacer conscientemente pronto, pero creo que para mí es fundamental llegar a ese punto y es así como juzgo mi desarrollo creativo. Pienso, al igual que la mayoría de músicos de jazz en sus etapas de desarrollo que en éstas, te atrincheras con la historia de la música y esto tiene su lado bueno y malo. Es lo que hacía con mis amigos en el colegio y en la universidad: escuchaba y me obsesionaba con la cronología, y con quién precede a quién, y de dónde sale cada uno. Creo que esto es importante, pero llegado a cierto punto, deja de ser definitivo, y lo fundamental pasa a ser el modo en el que interiorizas esas influencias y dejas de pensar en ellas mientras tocas. Es lo que deseas conseguir mientras tocas con alguien, tienes todo esto en tu interior, pero no es algo de lo que tengas que ser consciente a la hora de improvisar.

FJ: Hablemos ahora de su trabajo “The Art of the Trio, Volume Two: Live at The Village Vanguard”. ¿Cómo surgió ese proyecto?

BM: No estaba muy seguro de lo quería hacer porque siempre te encuentras con muchas opciones a la hora de grabar. Surgió mientras tocaba con mi trío en el Vanguard. Siento una verdadera afinidad por ese lugar, me proporciona una gran inspiración actuar en ese local, por la audiencia y la intensidad que demuestra mientras escuchan. El local en sí mismo, por el tipo de música que hacemos, y mucha gente lo cree así, tiene una acústica fantástica, puedes escuchar todo perfectamente. Hay muchas sutilezas que se pierden cuando tocas en otros sitios, como festivales o sitios así. Y desde luego, tocar en directo es algo totalmente diferente a tratar de crear en el estudio de grabación. Le pregunté a Matt Pierson, el productor, si podía grabar todas las actuaciones de la semana y sacar con ellas un nuevo trabajo y estuvo de acuerdo. Ahí supe realmente qué es lo que quería hacer, porque si tuviera la oportunidad, grabaría todos mis discos en directo, con sólo cinco o seis temas. Esos son mis discos favoritos. Estoy pensando en “Miles Davis at the Plugged Nickel”, “Blackhawk” [de Shelly Manne] o “Coltrane at Birdland”… Te das cuenta de lo consiguen en esos lugares y lo hacen porque pueden dar todo lo que tienen dentro sin limitaciones. Esa música es algo trascendental para mí.

FJ: ¿Cuánto tiempo lleva tocando con su trío?

BM: Activamente, creo que unos cuatro años.

FJ: Hoy día, con las grandes discográficas que buscan bandas de “All-Stars” ¿Es difícil mantener una banda unida?

BM: Hay mucho de eso, es curioso. Pero es algo que no me atrae, el hecho de tocar con grandes músicos con los que nunca has tocado antes. Para mí es fundamental lograr una empatía con la gente y obtener cierto nivel de confianza que se consigue al tocar con los mismos músicos durante cierto tempo, dejándonos unos a otros espacio libre. Hay muchas cosas que ocurren, incluso a nivel personal, fuera del trabajo como banda, que influyen en lo que haces cuando tocas. Por eso, y cada vez más, soy consciente de lo que este trío, con Larry Grenadier y Jorge Rossy, significa para mí. Algunas veces, los periodistas me preguntan ¿Cual sería el grupo de tus sueños? ¿Billy Higgins, o Ron Carter o Joe Henderson?… Y yo les contesto, “Bueno, realmente es el que tengo” Y se debe al espacio que puedo conseguir cuando toco con ellos. Es un placer para mí. Soy consciente de lo importante que es esto e insisto ello. Esto nos permite crecer porque siempre sucede así: cada vez que tocamos juntos nos desarrollamos constantemente.

FJ: ¿Qué es mas importante para usted en este momento de su carrera, el apoyo del público o ser aclamado por la crítica?

BM: El apoyo del público. Creo que es mucho más importante cuando te vas a la cama por la noche, la satisfacción de haber hecho aquello que buscabas. Es muy ilusionante, y unas veces ocurre y otras no. Pero es verdaderamente importante sentir que conecto con el público porque me demuestra que sigo un camino honesto, sin engañarles ni haciendo trucos, haciendo las cosas que sé que funcionarán.

FJ: ¿Qué es lo que le atrae del formato de trío? ¿Piensa explorar en el futuro otro tipo de conjuntos, como un cuarteto o grupos más grandes?

BM: El trío es algo que todavía me estimula. Tomamos la decisión de apegarnos a él durante una buena temporada y la verdad es que no tengo planes futuros de hacer algo distinto, por lo menos conmigo como líder. Lo bueno es que he podido colaborar con Joshua Redman hace poco. Estamos terminando de grabar su último disco en Nueva York. Para mí esto es igualmente satisfactorio, pero en otro sentido. El hecho de formar parte de la visión musical de otro, si la visión es buena, como en el caso de Josh, es muy estimulante y agradable el poder hacer esto también.

FJ: ¿Qué otros músicos figuran en el grupo?

BM: Están Brian Blade a la batería y Larry Grenadier al contrabajo.

FJ: Al principio de su carrera vivía en Nueva York y ahora se ha instalado en Los Ángeles. ¿Encuentra diferencias entre estas dos ciudades?

BM: Creo que mucha gente de Nueva York ve Los Ángeles como un sitio muerto para el jazz. Después de vivir allí desde hace dos años, a mí no me da esa sensación. En Nueva York existe, desde luego, una geografía estructurada, una verdadera escena del jazz en Greenwich Village y West Village, y ocurre así con todas las artes. Tienes un escenario clásico en Lincoln Center, teatros en Times Square, editoriales en Upper Westside… Todo es así. Eso me cerró algunas puertas cuando vivía en Nueva York. En Los Ángeles es completamente distinto. Entre los músicos encuentras a gente mucho más versátil porque están haciendo bandas sonoras para películas. Muchos de ellos son asimismo capaces de hacer un arreglo de cuerdas como de meterse en el pop, pero no en el pop “pastelero”, ya sabes, sino un pop mucho más creativo al que he estado prestando mucha atención. Ha sido muy interesante y enriquecedor colaborar en algunas grabaciones de este tipo en Los Ángeles desde que vivo allí. Creo que cada cual tiene que encontrar cosas fuera de uno mismo. La gente pregunta: “¿Debería irme a Nueva York?” Creo que es una cuestión muy subjetiva. Para mí desde luego fue importante, no hay duda, es lo que quería hacer cuando dejé la universidad porque quería ir donde estaban todos mis héroes que seguían en activo. Pero ahora en Los Ángeles me parece más interesante aprender cosas distintas y estar involucrado en otro tipo de estilos.

FJ: ¿Como ve la situación actual del jazz? ¿Qué dirección piensa que debería tomar en el futuro?

BM: Creo que goza de buena salud. Hoy tenemos una cosa que antes no existía y es un mayor interés de los medios por lo que ocurre en el jazz, casi como el que se presta a la música pop. Se interesan por alguien y lo hacen no tanto por su música, sino por su historia personal, su imagen o cualquier otra cosa. El problema con ese tipo de mentalidad pop es que tiene fecha de caducidad. Consiguen pronto un gran contrato discográfico y desaparecen de la escena en pocos años. Esto no tiene nada que ver con el nivel actual de los músicos. Para mí es mejor que nunca. Hay muchos grandes músicos que consiguen grabar su propia música y también hoy muchos otros que no gozan de esa situación en Nueva York, pero que son realmente músicos increíbles. No creo que estemos pasando un mal momento en absoluto, aunque es complicado decir que dirección tomará en el futuro. Pienso que una de las cosas que puede ocurrir es este tipo de renacimiento que tiene lugar en el jazz, en el que muchos de los músicos jóvenes de mi generación -yo incluido- que están obsesionados con la historia, miran hacia el pasado y examinando lo que ha ocurrido en el último siglo. Todo eso esta muy bien, pero creo que la gente empezará a mirar hacia delante y a vivir el presente, a tocar música sin tener en ocasiones una especie de mala conciencia, de estar demasiado intimidados por la historia. Debemos salir de todo esto y vivir el tiempo que nos ha tocado vivir.

FJ: Ha estado mucho de gira este año ¿Ha podido practicar, ensayar? ¿Es importante para usted practicar, llegado este punto de su carrera?

BM: Es realmente importante, pero es una de las cosas que no puedo hacer como quisiera cuando estoy de gira, y he estado mucho de gira, sobre todo durante el último año. He tenido mucho trabajo con mi trío y no he podido practicar. Pero cuando estoy en casa es muy importante para mí y trato de dedicarle tiempo.

FJ: ¿Cuáles son sus temas o standards favoritos?

BM: Me gustas especialmente los temas sencillos. Temas muy sencillos pero con una melodía poderosa. También me atraen mucho las baladas, descubrir nuevas baladas, descubrir viejas baladas.

FJ: Si no estuvieras tocando jazz, ¿qué tipo de camino cree que hubiera seguido?

BM: Estoy seguro de que estaría involucrado con la música de un modo u otro. Lo que me atrajo del jazz -y siempre fue así, incluso antes de que escuchara nada de jazz- lo que realmente me divertía y puedo recordar de cuando tenía ocho o nueve años, era el hecho de sentarme e improvisar al piano. Y el jazz, más que cualquier otra música occidental, hace de la improvisación su punto central, que es precisamente lo que me fascina. Es complicado decir qué es lo que estaría tocando si no hiciera jazz, pero creo que tendría que estar relacionado con la improvisación de alguna manera.

FJ: ¿Hay algún músico al que considera que el público y las compañías discográficas deberían prestar mayor atención?

BM: Hay muchos. En Nueva York hay algunos que probablemente empezarán a ser mucho mejor considerados. Mark Turner, por ejemplo, es un saxo tenor increíble. Por fin esta siendo descubierto. Ya ha sacado su primer álbum para Warner Brothers. Y muchos músicos con los que él ha tocado, como el guitarrista Kurt Rosenwinkel que es absolutamente fenomenal. No puedo entender como todavía no consigue un contrato discográfico. Su música es increíble y original. También algunos músicos con los que he podido tocar, como Jeff Ballard, gran batería, y un buen número de tenores, muchos de los que tocan en el Small’s en Nueva York. Un Bajista israelí que se llama Avishai Cohen que tiene un discurso realmente propio… Uno de mis músicos favoritos de mi generación es el gran guitarrista Peter Bernstein y no es suficientemente reconocido.

FJ: ¿Qué tipo de música escucha últimamente?

BM: No escucho mucho jazz últimamente, apenas un puñado de grabaciones que metí en una bolsa cuando dejaba mi apartamento. Me gusta mucho el último disco del grupo Radiohead llamado “OK Computer”. Han dado un giro muy fuerte. Otro disco que pongo mucho últimamente es uno del cantante y compositor Scott Weiland.

FJ: ¿El antiguo cantante de los Stone Temple Pilots?

BM: Toco en su primer disco en solitario. Es una música muy divertida. He tenido la oportunidad de trabajar un poco con él en Los Ángeles.

FJ: ¿Hay mucha diferencia entre tocar jazz y tocar rock?

BM: El público es totalmente diferente. He hecho un par de bolos con él en Los Ángeles. Recuerdo uno en particular durante estas navidades para la gran cadena de radio K-ROQ. Fue en un anfiteatro de la Universal con miles de personas. Salí con ellos, disfrazado con toda la parafernalia, y todos se pusieron a gritar enloquecidos. Es algo totalmente diferente. Hay mucha pompa y puesta en escena. No se trata sólo de la música, es muy importante la imagen y el envoltorio, la personalidad de la banda y su cantante. Es algo que me hacía torcer la nariz cuando estaba muy metido en el jazz. Pero sinceramente es algo que no debería ocurrirme, porque yo crecí escuchando rock and roll, Jimi Hendrix, Led Zeppelin, Grateful Dead, Steely Dan y todo ese tipo de cosas. Antes de descubrir el jazz y mientras me interesé por él seguí escuchando mucho este tipo de música. No sé si sería gratificante hacer gira con un grupo así, en la que no hay sitio para la improvisación. También participé en un disco de Willie Nelson, y fue muy divertido. Tenía una gran banda. Es un tipo de satisfacción muy diferente la que se obtiene con ellos, es muy visceral, muy físico todo lo que ocurre. Ocurre a un nivel primario, “estomacal”. Pero es muy satisfactorio, muy diferente.

FJ: La mayoría de los puristas del jazz no ven con buenos ojos el rock. Rechazan el acid jazz o la fusión. ¿Encuentra este tipo de mentalidad saludable o cree que conlleva un mensaje elitista?

Tú lo has dicho. Es elitista. Lo que he podido ver respecto al jazz, echando la mirada atrás, es que la gente lo toma como una forma elevada de arte, en el sentido de que sólo les gusta el “Kind of Blue” de Miles o John Coltrane. Tenemos todo un legado de grabaciones, todo un canon que nos va a acompañar siempre. Eso es incuestionable. Pero ¿por qué hemos de tener tanta mala fe con ello? Históricamente lo que ha hecho el jazz ha sido tomar prestados elementos de todo tipo de géneros y hacerlo desde una forma casi sacrílega. Y esto no ocurre sólo en el jazz. La música clásica también lo ha hecho, cogiendo prestadas formas de danzas y minuetos y convirtiéndolas en el tercer movimiento de algunas de las más grandes sinfonías del mundo. Tomando canciones tradicionales y haciendo de ellas esos preciosos lieder. Pues lo mismo ha ocurrido con el jazz, con Dizzy Gillespie tomando cosas de la música cubana, o Art Tatum y su influencia de la música clásica, sus aproximaciones a Debussy… El Jazz nunca ha tenido miedo de coger elementos de cualquier parte y transfigurarlos, llevándolos a otro nivel. Creo que esto puede seguir pasando ahora. Es eso lo que me atrae. Puedes tomar una canción de pop de cualquier periodo y, si es un buen tema, con una buena melodía, puedes expresar esa melodía e improvisar sobre ella, o prescindir de ella y volverla del revés. No hay necesidad de mantenerlo intacto y separarlo de todo lo demás. Eso lo único que hace es alienar al público. Es muy elitista. Eso ahuyenta a la gente.

FJ: ¿Tiene algún proyecto futuro en mente?

BM: Creo que continuaré trabajando con el trío. Eso será lo más importante, y volver a grabar con ellos. Más composiciones propias, tengo muchos temas en los que he estado trabajando. El último disco (“The Art of the Trio, V. 2”) sólo tenía standards. También seguiré trabajando con Joshua Redman. Me gustaría grabar algo a piano solo. Es algo que me ha dado mucho respeto y por lo que he estado esperando hasta sentir que tengo algo importante que decir, y creo que estoy llegando a ese punto. Así que tal vez, en los próximos años, haré un disco a piano solo con temas propios.

Fuente: Toma Jazz


Quién es?
Brad Mehldau es un pianista de jazz estadounidense. Fuente: Wikipedia

About Fabo Sanchez

Psicólogo (UBA), Psicoanalista de orientación Lacaniana, supervisor, escritor y músico. Le gusta mirar, oír, leer, tocar, escribir. Es un apasionado del Jazz, el Blues y los detalles: lo mínimo, lo obvio, lo olvidado, el desperdicio, lo imposible. Brinda servicios de Psicólogo y Psicoanalista para adultos y adolescentes en la Ciudad Autónoma de Bs As: de forma presencial, a domicilio como en consultorio privado y Online-Virtual en idioma español para quien lo requiera.