La persistencia de la niñez

Les cuento un secreto… el viejo Freud lo comprendió a la perfección… pero se disfrazo de adulto para decirlo. Quién sabe por qué, en un mundo de torpes mayores hay verdades de niños que es mejor diluir. El tema es así: de todas las edades la única valedera es la niñez. Y no les digo esto para que los mal llamados “adultos” caigan en la melancolía. Se los cuento porque el arte de cambiar también es un artilugio de niño. En cada cosa que nos parece genial hay destellos de niñez. Aquel que por primera vez dijo “es como andar en bicicleta” lo intuyó magistralmente. La niñez es lo mejor que aun conservamos: permite al poeta ser poeta y al necio convencido que carece de arte le concede destellos de poesía. Es tan fuerte ese momento que, por ejemplo, basta permitirse ser niño para que un adulto insoportable se nos vuelva digno de admiración. La niñez, además, es la que consiente el amor; algo de eso habrá que nos deja en una bella torpeza, en donde importa más el juego que la canallada del numero y el resultado. La carcajada, esa cosa increíble que sale de las entrañas, reverbera de la niñez: reírse era algo que sucedía, no hacía falta explicar un chiste o encontrar un sentido. Podemos sufrir la peor desgracia o la más profunda carencia: cuando dejamos de defendernos ese niño extiende su manito abierta y nos salva. Quién no se dio cuenta en silencio que animarse es siempre cosa de niños, la gente grande es conservadora y vive leyendo manuales para todo. Dejo una última advertencia para el lector desprevenido: No vaya a creer que esto lo escribe un adulto. He crecido, no soy un delirante sin remedio, pero hace tiempo advertí, una tarde saltando en una cama con mi sobrina pequeña, que no la miraba desde arriba. Me había achicado. Más tarde me di cuenta que cuando era chico yo quería ser grande y ahí caí, luego de girar y girar, en ese preciso instante de la infancia en que uno suelta la vara y se anima a caminar mareado, que hasta en eso le hago caso al niño que soy. Desde ese día, cuando alguien se me vuelve insoportablemente grande le regalo un caramelo, si se niega le insisto (los que me conocen saben que puede ser muy convincente). Y me deleito mirando como esa mirada opaca y a veces desteñida, se va transformando y comienza a brillar, como se pone ansioso ante la resistencia del papel. Ahí tengo ganas de batirle la posta “Me gusta robotech y la chica de pelo suelto y flequillo”.

About Fabo Sanchez

Psicólogo (UBA), Psicoanalista de orientación Lacaniana, supervisor, escritor y músico. Le gusta mirar, oír, leer, tocar, escribir. Es un apasionado del Jazz, el Blues y los detalles: lo mínimo, lo obvio, lo olvidado, el desperdicio, lo imposible. Brinda servicios de Psicólogo y Psicoanalista para adultos y adolescentes en la Ciudad Autónoma de Bs As: de forma presencial, a domicilio como en consultorio privado y Online-Virtual en idioma español para quien lo requiera.