Pulsión, vida y cuerpo: La pasión según San Jazz

Pulsión en 4/4.

Fue el martes pasado. Fui porque un amigo; un compañero de escenario, uno de los últimos bohemios, me invito. Lo dijo simple “Fabo venite, va a estar Luis (Salinas) y toca la banda del bajista”. La verdad es que fui a verlo a él. Abría primero -hay que pagar derecho de piso- nunca entendí bien por qué. A las 20hs ya estaba por allí –Llegué extrañamente temprano– pensé. Tincho (Martín Delp) arranco y de pronto se hizo verano. Es tierno: se colgó la guitarra y empezó a cantar. Alguna vez me dijo “soy medio inútil, no se hacer otra cosa” y no le preste atención. Me dí cuenta que es cierto, posee una bella falta; tan inútil que lo único que puede hacer es cantar, y le pone corazón, garra y es tan afinado que si sos músico te despierta un amor ambivalente. Lo oís y se puede sentir el cosquilleo que le recorre el cuerpo cuando frasea o arrastra, en arrabal newyorkino, alguna nota para meterle suspenso. Reconozco que no soy objetivo para hablar de Tincho: no soy fan de los cantantes, menos aun de los boleros y las baladas, pero él es cantante, le fascina la melancolía del amante no correspondido y las confesiones solitarias de amor. Estuve ahí, en primera fila, del minuto uno al ultimo.

El cuerpo de la pasión.

Subió porque lo invitaron. Se colgó una guitarra ajena y al instante te hacia recordar la frase de Zapata “La tierra es del que la trabaja”. Era la gloriosa Rita, o la adorable Raquel: Lo femenino y su irresistible magnetismo con las luces. Cuando un analista en formación me pregunte acerca de ese quehacer especifico sobre lo Real que es la pulsión lo mando a ver a Luis. Hasta allí hay que llegar. Gesticula, mueve el pie, anticipa al batero lo que viene con gestos de su boca, mantiene un dialogo en dialectos ya extintos con su guitarra, porque cuando la agarra es suya. Contagia, no puede parar, es una especie de trance místico, una religión de épocas sublimes donde la diferencia era permitida y el estándar aun no arrasaba. El resto de la banda sonaba mejor, mas intensa, mas sincera. Les cambio el clima, ya la tormenta no amenazaba: se desataba sin miedo. No sufría en absoluto, por esos minutos escapo de todo régimen: sus arrugas eran los pliegues de una liturgia, las canallas ojeras que delatan el tiempo se eclipsaron.

La vida en los albores del ocaso.

“Nunca se había percatado que basta doblar la esquina para olvidar, por un instante, a nuestro perseguidor”

Ya era de madrugada, y el trío sonó. Fueron tan intensos como se lo permitieron. Para ese entonces los aplausos eran briosos y mas sueltos, el relax del alcohol y el buen momento lo permitía. Hacía el final saludé sin modales: Soy torpe para las despedidas. Mientras caminaba por Avenida Córdoba caí que no era domingo ni el clima era tropical. Pero aun el viento pegaba tibio en la cara,  sonaba esa melodía de Beatles y la avenida, casi desnuda, te bamboleaba al caminar. Sentí pasos detrás. Para ese otro no era mas que un caminante de espaldas, como esos misteriosos torsos sin tiempo en postales de San Telmo.

About Fabo Sanchez

Psicólogo (UBA), Psicoanalista de orientación Lacaniana, supervisor, escritor y músico. Le gusta mirar, oír, leer, tocar, escribir. Es un apasionado del Jazz, el Blues y los detalles: lo mínimo, lo obvio, lo olvidado, el desperdicio, lo imposible. Brinda servicios de Psicólogo y Psicoanalista para adultos y adolescentes en la Ciudad Autónoma de Bs As: de forma presencial, a domicilio como en consultorio privado y Online-Virtual en idioma español para quien lo requiera.